Animales Púros e Impúros

¿Animales “puros” y quienes los “impuros”?

Animales en la Biblia

 

Pintura de Julius Schnorr von Carolsfeld que representa el quinto día de la creación del mundo, en el que Dios crea los animales marinos y las aves.

Según la Biblia, los animales, como todos los demás seres y cosas, han sido creados por Dios. En el primer relato del Génesis, en el día quinto se crean los animales que pueblan las aguas y el aire, y en el día sexto, antes del hombre, los animales que pueblan la tierra. Esta descripción deja ver que aquí se reproduce el concepto hebreo del mundo animal, ya que la Biblia no es un libro de ciencia, sino de religión, y en esta cuestión, como en otras, se acomoda al estado cultural de la época en que se escribe cada libro sagrado.

En el paraíso que describe el libro del Génesis (recogido en la Biblia) Adan y Eva eran vegetarianos:

“También les dijo: Yo les doy de la tierra todas las plantas que producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento.”

Génesis 1:29

Sin embargo, ésta porción fue dada antes de la caída. Más adelante, en el Nuevo Testamento, la biblia es clara al darle un mandato al Apóstol San Pedro:

13Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.14Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.15Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.”

Hechos 10:13-15

Sin embargo, en las profecías de Isaías también se muestra un futuro que puede interpretarse como vegetariano:[1]

6Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá.7 La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. 8Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. 9Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.

Isaías 11:6-9

Actualmente algunos movimientos cristianos toman el vegetarianismo y el respeto a los animales como parte de su doctrina.[2] [3]

En el segundo relato de la Creación, Dios forma también a los animales y luego los presenta ante el hombre para que éste les imponga sus nombres (Gen 2, 19-20). Como en el antiguo Oriente la imposición del nombre es una señal de dominio, la significación de estos relatos es que los animales han sido creados por Dios y puestos por Él para el servicio y bajo el dominio del hombre.

Fiel a esta concepción, la Biblia refleja en general una gran estima por los animales. La legislación mosaica prevé varias normas para protegerlos. Así, por ejemplo, los animales tienen también derecho al descanso sabático (Dt 5, 14), se debe ayudar al asno excesivamente cargado (Ex 23, 5); cuidado especial merecen los pájaros que anidan o empollan (Dt 22, 6-7); se prohíbe poner bozal al buey que trilla (Dt 25, 4) para que pueda comer; no se debe uncir a un buey con un asno (Dt 22, 10), porque el asno es más débil, etc. En general, la misericordia universal de Dios alcanza también a los animales, como concluye el libro de Jonás (4, 11) y desarrolla magníficamente el Salmo 104, 10-30, preparando la enseñanza de Jesús sobre la Providencia, que también se preocupa de los animales (Mt 6, 26, y paralelos; cfr. Mt 18, 12 ss.).

La Biblia menciona también los animales salvajes, peligro para el hombre. A menudo sirven de instrumento de Dios para castigar los pecados de su pueblo (Lev 26, 22; 2 Reg 17, 25; Ez 14, 15). Esta situación de enemistad ha sido provocada por el pecado, que trastroca todo el orden de la Creación (cfr. Gen 3, 17-19). El mismo tentador que introduce el pecado en el mundo se describe bajo el símbolo de una serpiente. En contrapartida, la restauración mesiánica es descrita como una era de paz y de reconciliación universal y cósmica, que incluye la pacificación de los animales proverbialmente hostiles entre sí y enemigos del hombre, es decir, como la vuelta a la paz paradisíaca, en la que todos los animales estaban sumisos al hombre (cfr. el famoso oráculo de Is 11, 6-9).

 

 

Clasificación

La clasificación del mundo animal importa menos. La mentalidad hebrea hay que enmarcarla en el estadio cultural de su tiempo. Según esto, los animales se clasifican, por su apariencia vulgar, en cuatro grandes apartados:

  • cuadrúpedos: todos los terrestres de cuatro patas bastante visibles;
  • volátiles: todos los que tienen alas, incluidos los insectos;
  • peces: todos los que nadan en el agua, cetáceos incluidos;
  • reptiles: todos los que se arrastran o parece que se arrastran por la tierra.

Por la misma razón se considera, p. ej., a la liebre como rumiante, sin que esto, ni tampoco la clasificación expuesta, signifique dificultad alguna para la veracidad bíblica.

Al reflejar el ambiente de un pueblo esencialmente agrícola y ganadero, la Biblia menciona con mucha frecuencia (en todos los libros, excepto el de Rut) a los animales. Sin lugar para hacer un recuento, baste saber que, dentro de esos cuatro grandes apartados, se encuentran más de 130 nombres de animales; algunos de ellos son diversas denominaciones populares o poéticas del mismo ser, o designan las diversas fases de su edad o desarrollo. Son bastantes aquellos animales, sobre todo salvajes, cuya identificación y traducción resulta muy dudosa, debido en parte a que muchas de las especies designadas en la Biblia se han extinguido ya en Palestina.

Otra clasificación de los animales es la que hace la legislación mosaica, distinguiendo animales puros e impuros. La raíz de esta división es religiosa, lo mismo que la de las demás reglas de pureza e impureza que señala el Levítico: es puro, en general, lo que puede acercar a Dios, e impuro lo que aleja de Él, en particular creando incapacidad para el culto. De aquí que los animales son puros, sobre todo porque pueden ser ofrecidos a Dios (Gen 7, 2; 8, 20). El criterio es, pues, religioso; la impureza y consiguiente carácter abominable de algunos animales, aparentemente ininteligible para nosotros, se basa probablemente en que esos animales formaban parte de los sacrificios que los paganos ofrecían a sus dioses, en particular a los dioses subterráneos y demonios cananeos, o en razones higiénicas revestidas también de carácter religioso: al ser repugnantes o malos para el hombre, se considera que su contacto también desagrada a Dios.

Animales puros e impuros

La relación de estos animales la da Lev 11, 1-31, y la repite más brevemente Dt 14, 3-20. De los cuatro grupos señalados, los cuadrúpedos, para ser puros, tienen que ser rumiantes y tener además la pezuña hendida. Se consideran impuros el camello, el conejo, la liebre y el cerdo. Como se ve, las condiciones son también, según la apariencia vulgar. De los acuáticos son puros los que tienen aletas y escamas, y no se especifican los impuros; de los volátiles se da una lista de las aves impuras, que comprende en general las aves rapaces y además el murciélago, etc.; entre los menores que vuelan, son impuros todos los que andan a cuatro patas, excepto los que tienen las dos de atrás más largas para saltar, concretamente la langosta en sus diversas formas; los reptiles son todos impuros, y se especifican. La impureza de estos animales afectaba a no poder ofrecerlos en sacrificio (Gen 8, 20), ni comer su carne, ni tocar su cadáver. También era impuro, a efectos de contacto, el cadáver de un animal puro muerto naturalmente (Lev 11, 39-40).

Esta clasificación de animales puros e impuros es preciso interpretarla dentro de su contexto histórico, la vida entera del israelita era como un culto ofrecido a Dios, por eso el pueblo santo del Dios Santo (Lev 11, 44) debía distinguirse, hasta en esos pormenores, de todos los demás pueblos.

Entre los temas tratados en la porción de la Torá de esta semana, hay uno que es particularmente intrigante, a saber: las reglas referentes a los animales puros e impuros (cap.11). Según lo fijado en el libro del Levítico (cf. también Deuteronomio 14:3-21), Yahveh le permitió a los israelitas comer sólo de ciertos animales con características físicas muy específicas. Por ejemplo, en el caso de los animales terrestres: “cualquier animal de pezuña partida, hendida en mitades y que rumia” (11:3), y en el caso de los animales acuáticos, aquellos “que viven en el agua… cuantos tienen aletas y escamas sea de mar o río” (11:9). Sin embargo, en el caso de las aves, y a diferencia de los dos casos anteriores, sólo se hace mención de las “aves inmundas” que no se podrán comer “por ser abominación” (11:13-19), sin especificar las características físicas de las aves permitidas. Y, finalmente, la última categoría de animales es la de los bichos alados, según la cual le están permitidos a Israel comer “aquellos que además de sus cuatro patas tienen zancas (según versiones; en hebreo: “no tienen zancas”) para saltar con ellas sobre el suelo” (11:21).

A pesar de lo detallado de la lista de animales puros e impuros, la Torá no explica en ningún lugar las razones de estas regulaciones, sino antes bien sobre el propósito de las mismas, a saber: la santidad. Según está escrito: “No os hagáis inmundos con ninguna clase de bicho que se arrastra, ni os hagáis impuros con ellos, para que no os contaminéis por su causa. Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo (…) Pues yo soy Yahveh, el que os he subido de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos porque yo soy santo” (11:43-45). Según el teólogo moderno Seymour Siegel, entonces, “podemos definir la kashrut (en hebreo, “las regulaciones dietéticas”) como parte del intento del judaísmo de santificar el acto de comer, puesto que nos enseña a reverenciar la vida” (Los preceptos alimentarios de la ley judaica. Su significado para nuestro tiempo [Buenos Aires: Consejo Mundial de Sinagogas, 1965] p. 16).

Sin embargo, el propósito de las leyes no aclara la lógica de las reglas mismas. ¿Por qué ciertos animales fueron declarados puros y otros impuros? ¿Por qué está permitido comer la vaca o la cabra, mientras que el cerdo está prohibido?
Para un creyente, la ausencia de razones para el cumplimiento de las reglas dietéticas no es necesariamente un problema, sino paradójicamente, una ventaja. Según el rabino Najum Braverman: “¿Por qué las leyes de kashrut son jukim? (es decir, “reglas sin justificación” [A. R.]). Tanto las leyes de kashrut como las leyes de las relaciones prohibidas son jukim. Noten que ambas leyes son áreas donde las necesidades físicas del hombre más poderosas, toman lugar. Cuando el hombre va detrás de la comida y el sexo, es difícil ser completamente objetivo. Es por eso que si las bases de las leyes de kashrut o de las leyes de las relaciones prohibidas fuesen aparentes, el hombre siempre trataría de encontrar razones de por qué se le debería permitir en esta u otra ocasión complacer sus deseos. Una vez que la obligación pasa al reino de la lógica, el ser humano puede venir con muchas formas de lógica rebuscada para racionalizar lo que quiere hacer (…) Cuando una mitzvá pertenece a los jukim, la puerta para la racionalización está cerrada. O algo está permitido o está prohibido. No hay lugar para el debate o la subjetividad del razonamiento del hombre”
Sin embargo, y a diferencia de esta estrategia, desde la misma antigüedad hasta nuestros días, los estudiosos no han cejado en su intento de encontrar alguna racionalidad por detrás de las reglas dietéticas. El ejemplo más antiguo conocido se halla presente en el libro apócrifo Carta de Aristeas, probablemente escrito en Alejandría a finales del siglo II a. e. c. De acuerdo a este antiguo pensador, y siguiendo los principios exegéticos de la interpretación alegórica, las regulaciones dietéticas habrían sido concebidas con el propósito de enseñar al creyente la manera correcta de comportarse en la vida por medio del simbolismo implícito en los animales permitidos y prohibidos.

Un ejemplo en este sentido lo vemos en la manera en que el autor explicaba las reglas concernientes a las aves: “Porque las aves que usamos son todas domésticas y se distinguen por su pureza y se alimentan de granos y legumbres, como las palomas, tórtolas (…) En cuanto a las aves prohibidas, te encontrarás con animales salvajes y carnívoros que someten por la fuerza a los demás y se alimentan consumiendo brutalmente a los domésticos que acabamos de mencionar; y no para ahí la cosa, sino que echan la zarpa sobre los corderos y los cabritos y atacan violentamente incluso a los hombres vivos y muertos. Por medio de estas prescripciones, el declararlas impuras significó que aquellos para los que está puesta la ley deben usar la justicia en su dominio interno y no oprimir ni quitar nada a nadie fiados de su propia fuerza, sino dirigir desde la justicia los asuntos de la vida al igual que los animales domésticos de entre los susodichos volátiles se alimentan de legumbres y no oprimen destruyendo a los de su especie. Así que, por medio de ellos, el legislador dio a entender a los inteligentes que había que ser justo y no realizar nada por la fuerza ni oprimir a los otros basándose en el propio poder” (144-148) (Apócrifos del Antiguo Testamento II [A. Diez Macho ed.; Madrid: Ediciones Cristiandad, 1983] p. 41).

Siglos después, el gran filósofo medieval Maimónides (1186-1237) sugirió una estrategia totalmente distinta para entender las razones ocultas por detrás de las reglas alimenticias. Según él, las prohibiciones dietéticas se debían a razones estrictamente médicas: “Insisto, pues, en que todos cuantos alimentos nos han sido prohibidos por la Ley constituyen un nutrimento malsano”. Y particularmente decía sobre la prohibición de comer cerdo, que “la razón principal de que ante la Ley sea abominable es que este animal es muy sucio y se alimenta de cosas mugrientas”. Sin embargo, él no veía significado alguno en las características específicas mismas de los animales: “En cuanto a los signos característicos (de un animal puro), a saber: para los cuadrúpedos, rumiar y tener la pezuña dividida, y para los peces, estar dotados de agallas y escamas, importa tener en cuenta que la existencia de estos signos no constituye la razón de ser permitidos como alimento, ni su ausencia, para su prohibición. Son simplemente señales que sirven para reconocer los de la especie buena y distinguir los de la mala” (Guía de Perplejos, Tercera parte, cap. 48 [edición preparada por D. Gonzalo Maeso; Madrid: Editora Nacional, 1983, p. 531]).

Luego de los intentos poco satisfactorios de resolver el interrogante por parte de filósofos y    exégetas, en los últimos años también los antropólogos se abocaron al problema de las reglas dietéticas del Levítico. Un ejemplo en este sentido es la británica Mary Douglas (1921-2007), quien argüía que “el principio subyacente de la pureza de los animales consiste en que se han de conformar plenamente con su especie. Son impuras aquellas especies que son miembros imperfectos de su género, o cuyo mismo género disturba el esquema general del mundo” (Pureza y Peligro. Un análisis de lo conceptos de contaminación y tabú [Madrid: Siglo XXI de España Editores, 1973] p. 79). (Nota: Según el esquema del mundo adoptado por el Levítico, el mundo era tripartito: la tierra, las aguas y el firmamento.) Y de aquí, pues, que “cualquier clase animal que no está equipada con el género correcto de locomoción en su propio elemento sería contraria a la santidad (…) Así, cualquier ser acuático que no tenga aletas ni escamas es impuro (11:10-12)” (idem).

En suma, según la tesis de esta antropóloga, “las leyes dietéticas serían entonces semejantes a signos que a cada instante inspiraban la meditación acerca de la unidad, la pureza y perfección en Dios. Gracias a las reglas sobre lo que hay que evitar se daba a la santidad una expresión física en cada encuentro con el reino animal y en cada comida.

La observancia de las leyes dietéticas habría sido, entonces, parte significativa del gran acto litúrgico de reconocimiento y adoración que culminaba con el sacrificio en el Templo” (op. cit., p. 81).

Sean cuales fueren las razones de las leyes dietéticas, las mismas se convirtieron ya en tiempos antiguos en signo distintivo de los judíos. El ejemplo más antiguo lo hallamos en la historia de Daniel: “Daniel, que tenía el propósito de no mancharse compartiendo los manjares del rey y el vino de su mesa, pidió al jefe de los eunucos permiso para no mancharse” (1:8.). Y dicha práctica alcanzó tan distinguido lugar en la conciencia de Israel, que en la época de la helenización forzosa, en tiempos del rey seléucida Antíoco Epífanes (175-164 a.e.c.), el quebrantar las prohibiciones de la Ley relativas a los alimentos equivalía a la apostasía (ver 2 Macabeos 6:18-7:42).

Sin embargo, ya en la antigüedad hubo judíos que pusieron en tela de juicio la doctrina bíblica sobre lo puro y lo impuro. Según el relato neotestamentario, Jesús le enseñó a sus discípulos: “¿También vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado? En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre” (Mateo 15:16-20.). Y no habría de pasar mucho tiempo hasta que los seguidores de Jesús terminarían por quebrantar las regulaciones dietéticas (Hechos 10:9-16; 11:1-18), marcando así de manera práctica y concreta el comienzo de la separación entre judíos y cristianos.

 

Levítico 11: Biblia Nueva Vida Nueva Versión Internacional (NVI)

Leyes sobre animales puros e impuros

1 El Señor les ordenó a Moisés y a Aarón 2 que les dijeran a los israelitas: «De todas las bestias que hay en tierra firme, éstos son los animales que ustedes podrán comer: 3 los rumiantes que tienen la pezuña partida en dos. 4 Hay, sin embargo, rumiantes que no tienen la pezuña partida. De esos animales no podrán comer los siguientes: »El camello, porque es rumiante pero no tiene la pezuña partida; este animal será *impuro para ustedes.

5 »El conejo, porque es rumiante pero no tiene la pezuña partida; este animal será impuro para ustedes.

6 »La liebre, porque es rumiante [2] pero no tiene la pezuña partida; este animal será impuro para ustedes.

7 »El cerdo, porque tiene la pezuña partida en dos pero no es rumiante; este animal será impuro para ustedes.

8 »No comerán la carne ni tocarán el cadáver de estos animales. Ustedes los considerarán animales impuros.

9 »De los animales que hay en las aguas, es decir, en los mares y en los ríos, ustedes podrán comer los que tengan aletas y escamas.

10 En cambio, considerarán inmundos a todos los animales de los mares y de los ríos que no tengan aletas ni escamas, sean reptiles u otros animales acuáticos.

11 No comerán su carne, y rechazarán su cadáver, porque ustedes los considerarán animales inmundos.

12 Todo animal acuático que no tenga aletas ni escamas será para ustedes un animal inmundo.

13 »Las siguientes aves ustedes las rechazarán y no las comerán, porque las considerarán animales inmundos: el águila, el quebrantahuesos, el águila marina, 14 toda clase de milanos y gavilanes, 15 toda clase de cuervos, 16 el avestruz, la lechuza, toda clase de gaviotas, 17 el búho, el avetoro, el cisne, 18 la lechuza nocturna, el pelícano, el buitre, 19 la cigüeña, toda clase de garzas, la abubilla y el murciélago.

20 »A todo insecto alado que camina en cuatro patas lo considerarán ustedes un animal inmundo.

21 Hay, sin embargo, algunos insectos alados que caminan en cuatro patas y que ustedes podrán comer: los que además de sus patas tienen zancas para saltar, 22 y también toda clase de langostas, grillos y saltamontes.

23 Pero a los demás insectos alados que caminan en cuatro patas ustedes los considerarán animales inmundos.

Leyes sobre la impureza por tocar un animal impuro

24 Ustedes quedarán *impuros por lo siguiente: »Todo el que toque el cadáver de esos animales quedará impuro hasta el anochecer.

25 »Todo el que recoja alguno de esos cadáveres deberá lavarse la ropa, y quedará impuro hasta el anochecer.

26 »Considerarán impuro a todo animal que no tenga la pezuña partida ni sea rumiante. Cualquiera que lo toque quedará impuro.

27 »De los animales de cuatro patas, tendrán por impuro a todo el que se apoya sobre sus plantas. Cualquiera que toque su cadáver quedará impuro hasta el anochecer, 28 y todo el que lo recoja deberá lavarse la ropa, y quedará impuro hasta el anochecer. A estos animales ustedes los considerarán impuros.

29 »Entre los animales que se arrastran, ustedes considerarán impuros a la comadreja, al ratón, a toda clase de lagartos, 30 a la salamanquesa, a la iguana, al camaleón y a la salamandra.

31 Éstos son los animales que ustedes considerarán impuros entre los que se arrastran. Todo el que toque el cadáver de esos animales quedará impuro hasta el anochecer.

Otras leyes sobre el contacto con animales impuros

32 »Cuando el cadáver de algún animal *impuro toque algún objeto de madera, o ropa, o piel, o un saco o cualquier utensilio de uso cotidiano, tal objeto quedará impuro. Deberá lavarse con agua, y quedará impuro hasta el anochecer. Entonces volverá a ser puro.

33 »Si el cadáver de alguno de estos animales cae dentro de una vasija de barro, todo lo que la vasija contenga quedará impuro, y habrá que romperla.

34 Todo alimento sobre el que caiga agua de dicha vasija quedará impuro; lo mismo sucederá con todo líquido que haya en esa vasija.

35 Cualquier cosa sobre la que caiga parte de estos cadáveres quedará impura, y habrá que destruir los hornos y los fogones con los que haya entrado en contacto. Los cadáveres son impuros, y así deberán considerarlos.

36 Sólo las fuentes o las cisternas que recogen agua permanecerán puras; cualquier otra cosa que toque un cadáver quedará impura.

37 »Si alguno de esos cadáveres cae sobre la semilla destinada a la siembra, la semilla permanecerá pura.

38 Pero si la semilla se remoja en agua, y alguno de esos cadáveres cae sobre ella, deberán considerarla impura.

39 »Si muere algún animal de los que está permitido comer, quien toque su cadáver quedará impuro hasta el anochecer.

40 Quien coma carne de ese cadáver se lavará la ropa y quedará impuro hasta el anochecer. Quien lo recoja se lavará la ropa y quedará impuro hasta el anochecer.

Resumen sobre los reptiles y la santidad

41 »No comerán ustedes ninguno de los animales que se arrastran, porque son inmundos.

42 No comerán ningún animal que se arrastre sobre su vientre, o que se apoye sobre sus plantas, o que tenga más de cuatro patas. En resumen, no comerán ustedes ningún animal que se arrastra, porque es inmundo; 43 es decir, no se *contaminen por causa de su inmundicia, pues son animales inmundos.

44 Yo soy el Señor su Dios, así que *santifíquense y manténganse santos, porque yo soy santo. No se hagan *impuros por causa de los animales que se arrastran.

45 Yo soy el Señor, que los sacó de la tierra de Egipto, para ser su Dios. Sean, pues, santos, porque yo soy santo.

Conclusión

46 »Ésta es la ley acerca de los animales y de las aves, y de todo ser que se mueve dentro de las aguas o que se arrastra por el suelo, 47 para que así puedan distinguir entre lo puro y lo impuro, y entre lo que se puede comer y lo que no se debe comer.»

“De todas las bestias que hay en tierra firme, éstos son los animales que ustedes podrán comer:
Lev 11:3 los rumiantes que tienen la pezuña partida en dos.
Lev 11:4 Hay, sin embargo, rumiantes que no tienen la pezuña partida. De esos animales no podrán comer los siguientes: “El camello, porque es rumiante pero no tiene la pezuña partida; este animal será *impuro para ustedes.
Lev 11:5 “El conejo, porque es rumiante pero no tiene la pezuña partida; este animal será impuro para ustedes.
Lev 11:6 “La liebre, porque es rumiante [2] pero no tiene la pezuña partida; este animal será impuro para ustedes.
Lev 11:7 “El cerdo, porque tiene la pezuña partida en dos pero no es rumiante; este animal será impuro para ustedes.
Lev 11:8 “No comerán la carne ni tocarán el cadáver de estos animales. Ustedes los considerarán animales impuros.
Lev 11:9 “De los animales que hay en las aguas, es decir, en los mares y en los ríos, ustedes podrán comer los que tengan aletas y escamas.
Lev 11:10 En cambio, considerarán inmundos a todos los animales de los mares y de los ríos que no tengan aletas ni escamas, sean reptiles u otros animales acuáticos.
Lev 11:11 No comerán su carne, y rechazarán su cadáver, porque ustedes los considerarán animales inmundos.
Lev 11:12 Todo animal acuático que no tenga aletas ni escamas será para ustedes un animal inmundo.
Lev 11:13 “Las siguientes aves ustedes las rechazarán y no las comerán, porque las considerarán animales inmundos: el águila, el quebrantahuesos, el águila marina,
Lev 11:14 toda clase de milanos y gavilanes,
Lev 11:15 toda clase de cuervos,
Lev 11:16 el avestruz, la lechuza, toda clase de gaviotas,
Lev 11:17 el búho, el avetoro, el cisne,
Lev 11:18 la lechuza nocturna, el pelícano, el buitre,
Lev 11:19 la cigüeña, toda clase de garzas, la abubilla y el murciélago.
Lev 11:20 “A todo insecto alado que camina en cuatro patas lo considerarán ustedes un animal inmundo.
Lev 11:21 Hay, sin embargo, algunos insectos alados que caminan en cuatro patas y que ustedes podrán comer: los que además de sus patas tienen zancas para saltar,
Lev 11:22 y también toda clase de langostas, grillos y saltamontes.
Lev 11:23 Pero a los demás insectos alados que caminan en cuatro patas ustedes los considerarán animales inmundos.

¿Quiénes son los animales “puros” y quienes los “impuros”?

Encontré por ahí este pasaje:
“Sin embargo, encontró a un buen hombre que halló gracia ante sus ojos, Noé. «Un hombre justo y cabal entre la gente de su tiempo», y decidió que a él le correspondería mantener el linaje de los hombres. Yahvéh dijo a Noé que construyera un arca, y que llevara con él a su esposa, a sus hijos Sem, Cam y Jafet, y a las esposas de éstos. Adicionalmente, tenía que llevar de todos los animales: de los PUROS debía tomar siete parejas y de los IMPUROS una sola pareja (un macho y una hembra), y para suministrarles alimentos, le dijo que tomara y almacenara la comida necesaria.”

 

Los animales puros e impuros los podes encontrar en Levíticos 11, todo un capítulo sobre esto, ademas quisiera dejar en claro que todavía estamos bajo la ley, pero no por obligación sino por amor, así que aquellos que haga sobre el versículo de Hechos, sobre que los que Dios purifico no lo debemos llamar impuro, está mal usado, ya que Jesus vino a lavarnos a nosotros los humanos, no los animales, por lo tanto los animales inmundos todavía siguen. Y no soy adventista.

Es algo ilógico pensar a estas alturas que comer carne es pecado, pero aún así hay personas que lo piensan, la comida es comida venga de donde venga sólo que tú corazón debe ser el que dicte si le das gracias a Dios a los hombres por los alimentos, yo lo hago en nombre de Dios y tú?

Recopilado y elaborado Por: Ervin Ariel Jarquín Urbina

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