María Camino a la Perfección Divina

María, camino de perfección

De su mano, caminemos juntos en la santidad

Buscar ser santos no es nada fácil, pero sí es un reto que vale la pena intentar día a día; los frutos no se dejan esperar. La santidad como camino de perfección, requiere de una guía o de un modelo para facilitar nuestro andar. Qué mejor elección que tomar a María como ejemplo a seguir.

María es un modelo de fe, esperanza, amor, castidad, pobreza, obediencia, humildad, paciencia, misericordia, alegría, agradecimiento y oración. Conociéndola más de cerca, nos facilitará seguirla en nuestro actuar diario, porque al fin de cuentas, ella también fue una persona con las mismas características humanas que cualquiera de nosotros, pero fue su fe y su disposición a la santidad, lo que la llevó a ser la Madre de Dios. Imitándola, forzándonos a tomar su ejemplo en cada una de sus virtudes, estaremos forjando nuestro propio camino de perfección.

Si atendemos esta llamada universal y tomamos la mano de María, nuestros pasos serán encaminados al bien de los demás, buscaremos hacer lo mejor posible, buscaremos entregar todo nuestro ser para la salvación de las almas, estaremos en la mejor disposición de ser apoyo, compañía, consuelo, escuchas y fortaleza de los que nos necesiten. Para estímulo de la caridad y las buenas obras, debemos caminar juntos en la santidad (Mensaje del Papa para la Cuaresma 2012).

En esta Cuaresma abramos nuestro corazón y nuestra mente a nuestro Señor Jesucristo, y ofrezcámosle lanzarnos a esa obra hermosísima de la santificación que Dios nos pide a cada uno de nosotros. Pidámosle que de la mano de su Madre, nos ilumine en esta misión para alcanzar la salvación eterna y en lo posible, ayudar a otros a alcanzarla.

Catholic.net es un medio que nos ayuda a ayudar en esta llamada universal, es un medio que pone al alcance de muchos la Palabra de Dios, reflexiones diarias, permite un conocimiento más profundo de Cristo, de la Virgen, de los Santos, que son otros ejemplos a tomar en cuenta; pone al alcance para el consuelo de miles de personas un lugar de hospitalidad cristiana.

María: profetizada en el Antiguo Testamento. Enciclopedia Católica. ¿Existen pasajes bíblicos que anuncien la llegada de María, como los hay de Jesucristo? Si en los Evangelios casi no se habla de María, ¿cómo sabemos dónde vivió, con quién, cómo era…? ¿Cómo trataron los primeros cristianos a Marí

1. María: profetizada en el Antiguo Testamento.

El Antiguo Testamento se refiere a Nuestra Señora tanto en sus profecías como en sus tipos o figuras.

Génesis 3:15

La primera profecía referente a María se encuentra en los capítulos iniciales del Libro del Génesis (3:15): “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; ella te aplastará la cabeza y tú estarás al acecho de su talón”. Esta versión parece diferir en dos aspectos del texto original hebreo:

  En primer lugar, el texto hebreo emplea el mismo verbo para las dos versiones traducidas “ella te aplastará” y “tú estarás al acecho”; la Septuaginta traduce el verbo en ambos casos por “terein” (estar al acecho); Aquila, Símaco y los traductores sirios y samaritanos traducen el verbo hebreo por expresiones que significan aplastar, magullar; el Itala traduce el “terein” utilizado en la Septuaginta con el término latino de “servare” , vigilar; S. Jerónimo (1) sostiene que el verbo hebreo tiene el significado de “aplastar” o “magullar” más que el de “estar al acecho”, “vigilar”. Sin embargo en su propio trabajo, que se convirtió en la Vulgata latina, el santo emplea el término “aplastar” (conterere) en primer lugar, y “estar al acecho” (insidiari) en segundo. Por tanto el castigo infligido a la serpiente y la venganza de ésta están expresadas con el mismo verbo: pero la herida sufrida por la serpiente es mortal, ya que afecta a la cabeza, mientras que la herida causada por ella no es mortal, ya que es infligida en el talón.

  El segundo punto de diferencia entre el texto hebreo y nuestra versión se refiere al agente que va a infligir la herida mortal a la serpiente: nuestra versión coincide con el texto actual de la Vulgata en traducir “ella”(ipsa) que se refiere a la mujer, mientras que el texto hebreo traduce “hu´” (autos, ipse) que se refiere a la descendencia de la mujer. Según nuestra versión y la traducción de la Vulgata, será la mujer quien obtenga la victoria; según el texto hebreo, ella vencerá a través de su descendencia. Es en este sentido en el que la Bula “Ineffabilis” atribuye la victoria a Nuestra Señora. La versión “ella” (ipsa) no es ni una corrupción intencionada del texto original ni un error accidental, sino que es una versión explicativa que expresa explícitamente el hecho de la participación de Nuestra Señora en la victoria sobre la serpiente, que está contenido de manera implícita en el original hebreo. La fuerza de la tradición cristiana referente a la participación de María en esta victoria puede deducirse del hecho de que S.Jerónimo mantuviera “ella” en su versión a pesar de su familiaridad con el texto original y con la traducción “él” (ipse)en la antigua versión latina.

Dado que es comúnmente admitido que el juicio divino se dirige no tanto contra la serpiente como contra el causante del pecado, la descendencia de la serpiente hace referencia a los seguidores de la serpiente, la “progenie de víboras”, la “generación de víboras”, aquellos cuyo padre es el Diablo, los hijos del mal, imitando, non nascendo (Agustín) (2).

Puede darse la tentación de comprender la descendencia de la mujer en un sentido colectivo análogo, abarcando a todos los nacidos de Dios. Pero “descendencia” puede no sólo referirse a una persona en particular, sino que generalmente tiene dicho significado, si el contexto lo permite. S. Pablo (Gálatas 3:16) da esta explicación de la palabra “descendencia” tal como aparece en las promesas de los patriarcas: “A Abraham y a su descendencia fueron hechas las promesas. No dice a sus descendencias, como de muchas, sino de una sola: “Y a tu descendencia”, que es Cristo. Finalmente la expresión “la mujer” en la frase “Pondré enemistad entre ti y la mujer” es una traducción literal del texto hebreo. La Gramática Hebrea de Gesenius-Kautzsch (3) establece la norma: es un rasgo peculiar del hebreo el uso del artículo para indicar una persona o cosa todavía desconocida o que todavía está por describir con claridad, ya se encuentre presente o tenga que considerarse bajo las condiciones del contexto. Dado que nuestro artículo indefinido cumple este propósito, se podría traducir: “Pondré enemistad entre ti y una mujer”.

Por tanto la profecía promete una mujer, Nuestra Señora, que será la enemiga de la serpiente en un grado sobresaliente. Además, la misma mujer saldrá vencedora sobre el Demonio, al menos a través de su hijo. La rotundidad de la victoria es subrayada por la frase contextual “comerás tierra”, que es según Winckler (4) una antigua y común expresión oriental que denota la máxima humillación. (5)

Isaías 7:1-17

La segunda profecía referente a María se encuentra en Isaías 7:1-17. Los críticos se han empeñado en representar este pasaje como una combinación de sucesos y palabras del profeta escritos por un autor desconocido (6). La credibilidad del contenido no resulta necesariamente afectada por esta teoría, ya que las tradiciones proféticas pueden quedar registradas por cualquier escritor sin perder por ello su credibilidad. Pero incluso Duhm considera la teoría como un intento aparente por parte de los críticos de averiguar hasta dónde están dispuestos a aguantar pacientemente los lectores; opina que es una verdadera desgracia para la crítica en cuanto tal el que haya encontrado un mero compendio en un pasaje que describe tan gráficamente la hora del nacimiento de la fe.

Según II Reyes 16:1-4, y II Paralipómenos 27:1-8, Ajaz, que comenzó su reinado en el 736 a. C., profesaba abiertamente la idolatría, de forma que Dios lo dejó a merced de los reyes de Siria e Israel. Al parecer se había establecido una alianza entre Pecaj, rey de Israel, y Rasín, rey de Damasco, con el propósito de ofrecer resistencia a las agresiones asirias. Ajaz, partidario de los asirios, no se unió a la coalición; los aliados invadieron su territorio, con la intención de sustituir a Ajaz por un gobernante más complaciente, un cierto hijo de Tabeel. Mientras Rasín estaba ocupado en reconquistar la ciudad costera de Elat, Pecaj procedió en solitario contra Judá, “pero no pudieron prevalecer”. Una vez Elat hubo caído, Rasín unió sus fuerzas a las de Pecaj; “Siria y Efraím se habían confederado” y “tembló su corazón (de Ajaz) y el corazón del pueblo, como tiemblan los árboles del monte a impulsos del viento”. Había que hacer preparativos inmediatos para un asedio prolongado, y Ajaz se encontraba intensamente ocupado en las proximidades de la piscina superior, de la cual recibía la ciudad la mayor parte de su suministro de agua. De ahí que Dios le diga a Isaías: “Sal luego al encuentro de Ajaz … al cabo del acueducto de la piscina superior”. El encargo del profeta es de naturaleza extremadamente consoladora: “Mira bien no te inquietes, no temas nada y ten firme corazón ante esos dos cabos de tizones humeantes”. El plan de los enemigos no tendrá éxito: “no aguantará y esto no sucederá”. ¿Cuál será el destino concreto de los enemigos?

  Siria no ganará nada, permanecerá como había estado en el pasado: “la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rasín.”

  Efraím también permanecerá en el futuro inmediato como había estado hasta ese momento: “la cabeza de Efraím es Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de Romelia”; pero al cabo de sesenta y cinco años será destruida, “dentro de sesenta y cinco años Efraím habrá dejado de ser pueblo”.

Ajaz había abandonado al Señor por Moloc, y había depositado su confianza en una alianza con Asiria; de ahí la profecía condicional referente a Judá “si no crees, no continuarás”. La prueba de fe sigue inmediatamente a continuación: “Pide al Señor, tu Dios, una señal, o de abajo en lo profundo o de arriba en lo alto”. Ajaz responde con hipocresía: “no la pediré, no tentaré al Señor”, rechazando así declarar su fe en Dios y prefiriendo la política asiria. El rey prefiere Asiria a Dios, y Asiria vendrá sobre él: “Hará venir el Señor sobre ti y sobre tu pueblo, y sobre la casa de tu padre, días cuales nunca vinieron desde que Efraím se separó de Judá con el rey de los asirios”. La casa de David había ofendido no sólo a los hombres, sino también a Dios con su incredulidad; por ello, “no continuará”, y, por una ironía del castigo divino, será destruida por aquellas mismas gentes a las que prefirió antes que a Dios.

Sin embargo, las promesas mesiánicas hechas a la casa de David no pueden frustrarse: “El Señor mismo os dará una señal. He aquí que una virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y será llamado Emmanuel. Y se alimentará de mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. Pues antes que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, la tierra por la cual temes de esos dos reyes será devastada”. Dejando de lado una serie de preguntas relacionadas con la explicación de la profecía, debemos limitarnos aquí a la prueba evidente de que la virgen mencionada por el profeta es María, la Madre de Cristo. La argumentación se basa en las premisas de que la virgen mencionada por el profeta es la madre de Emmanuel, y que Emmanuel es Cristo. La relación de la virgen con Emmanuel está claramente expresada en las palabras inspiradas; las mismas indican, asimismo, la identidad de Emmanuel con Cristo.

La relación de Emmanuel con la señal divina extraordinaria que iba a ser concedida a Ajaz nos predispone a ver en la criatura alguien más que un niño corriente. En 8:8, el profeta le atribuye la propiedad de la tierra de Judá: “Y tendiendo sus brazos cubrirán toda tu tierra, ¡oh Emmanuel!”. En 9:6, se dice que el gobierno de la casa de David descansa sobre sus hombros, y se le describe como poseedor de cualidades superiores a las humanas: “nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo, que tiene sobre su hombro la soberanía, y que se llamará maravilloso consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz”.

Finalmente, el profeta llama a Emmanuel “vara del tronco de Jesé”, agraciado con “el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Dios”; su venida irá seguida de los signos generales de la era mesiánica, y los que queden del pueblo escogido serán de nuevo el pueblo de Dios (11:1-16).

Cualquier oscuridad o ambigüedad que pudiera haber en el texto profético es eliminada por S. Mateo (1:18-25). Después de narrar las dudas de San José y la reafirmación del angel “lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo”, el evangelista continúa: “Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice: He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. No es necesario que repitamos la explicación del pasaje dada por comentaristas católicos que responden a las objeciones que se han hecho contra el significado obvio del evangelista. De todo lo anterior se puede deducir que María es mencionada en la profecía de Isaías como madre de Jesucristo; a la luz de la referencia a la profecía hecha por S. Mateo, se puede añadir que ésta predijo también la virginidad de María, intacta en la concepción de Emmanuel (7).

Miqueas 5:2-3

Una tercera profecía referente a Nuestra Señora se encuentra en Miqueas 5:2-3: “Y tú, Belén de Efrata, pequeño para ser contado entre las familias de Judá, de ti me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes vienen del comienzo, de los días de la eternidad. Los entregará hasta el tiempo en que la que ha de parir parirá, y el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel”. Aunque el profeta (750-660 a. de C., aproximadamente) fue contemporáneo de Isaías, su actividad profética comenzó un poco más tarde y finalizó un poco antes que la de Isaías. No cabe ninguna duda de que los judíos consideraban que las predicciones anteriores se referían al Mesías. Según S. Mateo (2:6), cuando Herodes preguntó a los sumos sacerdotes y escribas dónde iba a nacer el Mesías, le respondieron con las palabras de la profecía, “Y tú Belén, tierra de Judá, …” Según S. Juan (7:42), el populacho judío reunido en Jerusalén para la celebración de la fiesta formuló la pregunta retórica: “¿No dice la Escritura que del linaje de David y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Mesías?”. La paráfrasis caldea de Miqueas 5:2 confirma la misma opinión: “De ti me saldrá el Mesías, que señoreará en Israel”. Las mismas palabras de la profecía no admiten prácticamente otra explicación; pues “sus orígenes son del comienzo, desde los días de la eternidad”.

Mas, ¿cómo se refiere la profecía a la Virgen María? Nuestra Señora es mencionada con la frase “hasta el tiempo en que la que ha de parir parirá”. Es cierto que “la que ha de parir” se ha referido también a la Iglesia (S. Jerónimo, Teodoreto), o al grupo de gentiles que se unieron a Cristo (Ribera, Mariana), o también a Babilonia (Calmet); pero, por una parte, no hay apenas relación suficiente entre ninguno de estos sucesos y el redentor prometido; por otra parte, el pasaje debería decir “hasta el tiempo en que la que es estéril parirá” si el profeta se hubiera referido a cualquiera de dichos sucesos. Tampoco puede “la que ha de parir” referirse a Sión: Sión es mencionada sin sentido metafórico antes y después de este pasaje, de modo que no se puede esperar que el profeta recurra de repente a un lenguaje figurado. Mas aún, si se explica así la profecía, no tendría un sentido cabal. Las frases contextuales “el señor de Israel”, “sus orígenes”, que en hebreo implica nacimiento, y “sus hermanos” hacen referencia a un individuo, no a una nación; de ello se deduce que el parto debe referirse a esa misma persona. Se ha mostrado que la persona que gobernará es el Mesías; por ello, “la que ha de parir” debe referirse a la madre de Cristo, Nuestra Señora. Así explicado, todo el pasaje aparece claro: el Mesías ha de nacer en Belén, un pueblo insignificante de Judá; su familia debe estar reducida a la pobreza y la oscuridad antes del momento de su nacimiento; como esto no puede suceder si la teocracia permanece intacta, si la casa de David continúa floreciendo, “por ello los entregará hasta el tiempo en que la que ha de parir parirá” al Mesías. (8)

Jeremías 21:22

Una cuarta profecía referente a María se encuentra en Jeremías 21:22: “El Señor ha creado algo nuevo sobre la tierra: una mujer conseguirá un hombre”. El texto del profeta Jeremías ofrece no pocas dificultades para el intérprete científico; nosotros seguiremos la versión de la Vulgata latina del original hebreo. Pero incluso esta traducción ha sido explicada de muchas formas diferentes: Rosenmuller y muchos intérpretes protestantes conservadores defienden la versión “una mujer protegerá a un hombre”, mas tal argumento difícilmente podría inducir a los hombres de Israel a retornar a Dios. La explicación “una mujer buscará a un hombre” apenas está de acuerdo con el texto; además, tal inversión del orden natural es presentada en Isaías 4:1 como una señal de la más absoluta catástrofe. La versión de Ewald “una mujer se convertirá en un hombre” es muy poco fiel al texto original. Otros comentaristas ven en la mujer un símil de la Sinagoga o de la Iglesia, en el hombre un símil de Dios, de modo que pueden explicar la profecía “Dios morará de nuevo en medio de la Sinagoga (o del pueblo de Israel)” o “la Iglesia protegerá la tierra con sus valientes hombres”. Pero el texto hebreo difícilmente evoca ese significado; además, esa explicación convertiría ese pasaje en una tautología: “Israel retornará a su Dios, ya que Israel amará a su Dios”.

Algunos autores recientes traducen el original hebreo por: “Dios crea algo nuevo sobre la tierra: la mujer (esposa) retorna al hombre (su marido)”. Según la ley antigua (Deuteronomio 24:1-4; Jeremías 3:1), el marido no podía volver a aceptar a su mujer una vez que la había repudiado; pero el Señor introducirá una novedad al permitir a la mujer infiel, o lo que es lo mismo, la nación culpable, volver a la amistad con Dios. Esta explicación se basa en una corrección aventurada del texto; además, no implica necesariamente el significado mesiánico que se espera del pasaje.

Los Padres griegos siguen generalmente la versión de la Septuaginta, “El Señor ha creado salvación en una nueva plantación, los hombres caminarán seguros”; mas S. Atanasio (9) combina la versión de Aquila dos veces “Dios ha creado algo nuevo en la mujer” con la de la Septuaginta, diciendo que la nueva plantación es Jesucristo, y que lo nuevo creado en la mujer es el cuerpo del Señor, concebido en la mujer virgen sin la participación del hombre. También S. Jerónimo (10) entiende el texto profético de la virgen que concibe al Mesías. Esta explicación del pasaje concuerda con el texto y con el contexto. Como la Palabra Encarnada poseyó desde el primer instante de su concepción todas sus perfecciones, exceptuando aquellas relacionadas con su desarrollo corporal, es correcto afirmar que su madre “conseguirá un hombre”. No es necesario señalar que tal condición en una criatura recién concebida es denominada, con razón, “algo nuevo sobre la tierra”. El contexto de la profecía describe, después de una breve introducción general (30:1-3), la futura libertad de Israel y la restauración en cuatro estancias: 30:4-11, 12-22; 30:23; 31:14, 15-26; las tres primeras estancias terminan con la esperanza del tiempo mesiánico. La cuarta debería esperarse también que tuviera un final similar. Además, la profecía de Jeremías, pronunciada alrededor del 589 a. de C. y entendida en el sentido que se acaba de referir, concuerda con las expectativas mesiánicas contemporáneas basadas en Isaías 7:14; 9:6; Miqueas 5:3. Según Jeremías, la madre de Cristo se diferencia de las otras madres en que su Hijo, incluso cuando aún está en su vientre, tiene todas las propiedades que constituyen la verdadera naturaleza humana (11). El Antiguo Tetamento se refiere indirectamente a María en aquellas profecías que predicen la encarnación del Verbo de Dios.

Tipos y figuras de María en el Antiguo Testamento.

Para estar seguros del significado de un tipo, este significado debe ser revelado, es decir, debe habernos sido transmitido a través de la Sagrada Escritura o de la tradición. Algunos escritores piadosos han desarrollado por su cuenta numerosas analogías entre ciertos datos del Antiguo Testamento y los datos correspondientes del Nuevo Testamento; sin embargo, por muy ingeniosas que estas correlaciones puedan ser, no demuestran que Dios tuviera de hecho la intención de transmitir en los textos inspirados del Antiguo Testamento las verdades de la correspondencia establecida.

Por otra parte, debe tenerse presente que no todas las verdades contenidas ya sea en las Escrituras o en la tradición han sido explícitamente propuestas a los creyentes como verdades de fe por definición expresa de la Iglesia. De acuerdo con el principio “Lex orandi est lex credenti” debemos tratar al menos con reverencia las innumerables sugerencias contenidas en la liturgia y oraciones oficiales de la Iglesia. De esta forma es como debemos considerar muchos de los tratamientos otorgados a Nuestra Señora en la letanía y en el “Ave maris stella”. Las Antífonas y Responsos que se encuentran en los Oficios recitados en las varias festividades de Nuestra Señora sugieren un número de tipos referentes a Nuestra Señora que difícilmente hubieran sido mostrados con tanta viveza de otra manera a los ministros de la Iglesia. La tercera antífona de Laudes de la Festividad de la Circuncisión contempla en “el arbusto que arde sin consumirse” (Exodo 3:2) la figura de María en la concepción de su Hijo sin perder su virginidad. La segunda antífona de Laudes del mismo Oficio contempla en el vellón de lana de Gedeón, húmedo por el rocío mientras que la tierra a su alrededor había permanecido seca (Jueces 6:37-38), un tipo de María recibiendo en su vientre al Verbo Encarnado (12).

El Oficio de la Bienaventurada Virgen aplica a María muchos de los pasajes referentes a la esposa del Cantar de los Cantares (13) y también los referentes a la sabiduría del Libro de los Proverbios 8:22-31 (14). Un “jardín cerrado, una fuente sellada” mencionado en Cantares 4:12 aplicado a María es sólo un ejemplo concreto de todo lo referido anteriormente (15). Además, Sara, Débora, Judit y Ester son utilizadas como tipos de María; el arca de la Alianza, sobre la que se manifiesta la misma presencia de Dios, es utilizada como la figura de María llevando al Verbo Encarnado en su vientre. Pero es especialmente Eva, la madre de todos los vivientes (Génesis 3:20), la que es considerada como un tipo de María, que es la madre de todos los vivientes en el orden de la gracia (16).

 

María… ¿Fue siempre virgen? ¿Podemos decir que María fue siempre virgen? María… ¿Quiso esta virginidad? ¿María había pensado en consagrar a Dios su virginidad antes que viniera el ángel? ¿Qué sentido tiene la virginidad?…

María… ¿Fue siempre virgen?

¿Podemos decir que María siempre fue virgen?

Todos los cristianos aceptan a María como Madre de Jesús; pero mientras los católicos hablamos de ella como «la Virgen María», las otras religiones cristianas y muchas sectas no quieren decir ni reconocer que María es siempre virgen. Muchos dicen, simplemente, que María tuvo más hijos y por eso no pudo ser «virgen».

En una carta anterior ya les hablé de los «hermanos de Jesús» y les aclaré que no hay ningún fundamento bíblico para decir que María tenía más hijos. En esta carta les quiero hablar, a partir de la Biblia, acerca de María siempre virgen.

La concepción virginal de María.

El hecho de la virginidad de María en el nacimiento de su hijo Jesús se afirma claramente en la Biblia:

Mt. 1,18: «El nacimiento de Jesús fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.»

Lc. 1, 30-35: «El ángel Gabriel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios… y ahora concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo… María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti… y el Ser Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios.»

Juan 1, 13: «El que nació no de la sangre, ni del deseo de carne, ni del deseo de hombre, sino que nació de Dios.»

Estos tres textos bíblicos son testimonios sólidos para afirmar el hecho de la virginidad de María en la concepción de Jesús.

¿María quiso esta virginidad?

El Evangelio dice que «María era una virgen desposada con un hombre llamado José» (Lc. 1, 27). Este matrimonio de María con José nos mueve, a primera vista, a decir que María no quiso esta virginidad.

Sin embargo, el evangelista Lucas nos ofrece otros datos acerca de este compromiso matrimonial. Leamos atentamente en el Evangelio de Lucas 1, 26-38; en este relato bíblico vemos cómo Dios respeta a los hombres. El no nos salva sin que nosotros mismos queramos. Jesús el Salvador ha sido deseado y acogido por una madre, una jovencita que, libre y conscientemente, acepta ser la servidora del Señor y llega a ser Madre de Dios.

Vers. 26: «Al sexto mes el ángel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José. José era de la casa de David y el nombre de la virgen era María.»

San Lucas usa dos veces la palabra «virgen». ¿Por qué no dijo «una joven» o «una mujer»? Sencillamente porque el escritor sagrado se refería aquí a las palabras de los profetas del Antiguo Testamento, que afirmaban que Dios sería recibido por una «virgen de Israel.»Is. 7, 14: «El Señor, pues, les dará esta señal: la Virgen está embarazada y da a luz un varón a quien le pondrás el nombre de Emmanuel.»

Durante siglos, Dios había soportado que su pueblo de mil maneras le fuera infiel y había perdonado sus pecados. Pero el Dios Salvador, al llegar, debería ser recibido por un pueblo virgen que hubiera depuesto sus propias ambiciones para poner su porvenir en manos de su Dios. Dios debía ser acogido con un corazón virgen, o sea, nuevo y no desgastado por la experiencia de otros amores.

  Incluso en tiempos de Jesús, muchos al leer la profecía de Is. 7, 14 sacaban la conclusión de que el Mesías nacería de una madre Virgen. Ahora bien, el Evangelio nos dice: “María es la virgen que da a luz al Mesías.”

  Versículos 34-35: María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no conozco varón?» Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual el Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios.»

Aunque María es la esposa legítima de José, la pregunta de ella al ángel indica el propósito de permanecer virgen.

El ángel precisa que el niño nacerá de María sin intervención de José. El que va a nacer de María en el tiempo es el mismo que ya existe en Dios, nacido de Dios, Hijo del Padre (Jn. 1, 1). Y la concepción de Jesús en el seno de María no es otra cosa que la venida de Dios a nuestro mundo.

¿Qué significa «la sombra» o «la nube» en este texto bíblico?

Los libros sagrados del Antiguo Testamento hablan muchas veces de «la sombra» o «la nube» que llenaba el Templo (1 Reyes 8, 10), signo de la presencia divina que cubría y amparaba a la ciudad Santa (Sir. 24, 4).

Al usar esta figura, el Evangelio quiere decir que María pasa a ser la morada de Dios desde la cual El obra sus misterios. El Espíritu Santo viene, no sobre su Hijo, sino que primeramente viene sobre María, para que conciba por obra del Espíritu Santo.

¿Había pensado María en consagrar a Dios su virginidad antes que viniera el ángel?

El Evangelio no da precisiones al respecto, solamente encontramos la palabra de María: «No conozco varón» o «no tengo relación con ningún varón.» (Lc. 1, 34)

Recordemos que María ya está comprometida con José (Lc. 1, 27) lo que según la ley judía, les da los mismos derechos del matrimonio, aunque no vivan todavía en la misma casa. (Mt. 1, 20)

En estas condiciones, la pregunta de María: «¿Cómo podré tener un hijo, pues no conozco varón?» (Lc. 1, 34) no tendría ningún sentido, si María no estuviese decidida ya a mantenerse virgen para siempre. María es la esposa legítima de José. Si este matrimonio quiere tener relaciones conyugales normales, el anuncio del ángel referente a su maternidad no puede crearle ningún problema.

Sin embargo, María manifiesta claramente su problema: «pues no conozco varón.» Además esa pregunta de María permite otra traducción válida en la mentalidad de los judíos: «¿Cómo será eso, pues no quiero conocer varón?». Sin duda esta pregunta de María indica en la Virgen un firme propósito de permanecer virgen.

Algunos tendrán dificultades para aceptar esta decisión de María y dirán que tal decisión es sorprendente por parte de una joven judía; porque es sabido que Israel no daba gran valor religioso a la virginidad.

No debemos olvidar que en la Palestina de entonces había grupos de personas que vivían en celibato (los esenios) y con su estilo de vida esperaban la pronta venida del Mesías. Por otra parte, el celibato o la virginidad de por vida no existía para mujeres que, según la costumbre judía, por orden de su padre tenían que aceptar un matrimonio impuesto.

Por eso la joven María que quería guardar virginidad, difícilmente podía rechazar este compromiso matrimonial impuesto. Y por eso ella había aceptado este compromiso con José, pero con la decisión de permanecer virgen.

Como conclusión podemos decir que este texto bíblico es favorable a la voluntad de virginidad de María.

Además está claro en la Biblia que María tenía como hijo único a Jesús y que no tuvo más hijos.

¿Qué sentido tiene la virginidad?

María no expresa sus motivos, pero todo lo que Lucas deja entrever del alma de María supone que ella tenía motivos elevados. Por medio del ángel, Dios la trata de «muy amada», «llena de gracia», «el Señor está con ella.» Y María quiere ser su «sierva», con la nobleza que da a esta palabra la lengua bíblica: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí lo que has dicho.» (Lc. 1, 38) Su virginidad parece así una consagración, un don de amor exclusivo al Señor.

Mucha gente moderna se extraña ante tal decisión de María: ¿Cómo pensaría María en mantenerse virgen en el matrimonio, especialmente en el pueblo judío, que no valoraba la virginidad?

Incluso en las iglesias no-católicas muchas personas al leer en el Evangelio la expresión «hermanos de Jesús» concluyen sin más que María tuvo otros hijos después de Jesús. (En otra carta les he hablado claramente de este asunto y está muy claro en la Biblia que Jesús no tenía hermanos en el sentido estricto de esta palabra.)

Pero lo grave es que muchas sectas están deseosas de negar sin más la virginidad de María. ¿A qué se debe esto?

Sin duda, a vanos prejuicios y a falta de conocimientos bíblicos. ¿O será por el prurito de buscarle «peros» y dificultades a la religión católica?

Virgen debía ser aquella que, desde el comienzo, fue elegida por Dios para recibir a su propio Hijo en un acto de fe perfecta. Ella, que daría a Jesús su sangre, sus rasgos hereditarios, su carácter y su educación primera, debía haber crecido a la sombra del templo de Jerusalén, como dice una antigua tradición, y el Todopoderoso, cual flor secreta que nadie hiciera suya, la guardó para sus divinos designios.

Es por eso que María renunció a todo menos al Dios vivo. Y así en adelante ella será el modelo de muchos que, renunciando a muchas cosas, entrarán al Reino y obtendrán la única recompensa que es Dios.

Decimos que María no tuvo más hijos porque fue siempre virgen. La Escritura nos testimonia de una sola concepción virginal, el de Jesús. Por tanto, no habiendo más concepciones milagrosas, y no habiendo dejado de ser virgen, no tuvo más hijos.

La virginidad de Nuestra Señora está íntimamente relacionada con su sublime prerrogativa de Madre de Dios.

Decía San Bernardo que la maternidad de María es tan maravillosamente singular e incomparable precisamente porque es virginal.

Lejos de ser una prerrogativa pasajera, la virginidad de María es permanente.

Abarca todas las etapas de su vida, y en particular los momentos sagrados en que fue hecha Madre de Dios.

El dogma de la virginidad perpetua de María significa:

1º que concibió al Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, virginalmente;

2º le dio a luz virginalmente;

3º permaneció virgen a lo largo de toda su vida terrena, y por consiguiente, ahora reina gloriosa como Virgen de las vírgenes.

La Iglesia expresa esto con una fórmula muy hermosa según la cual dice que María fue virgen ante partum, in partu et post partum.

Esta afirmación no es simplemente un cumplimiento piadoso; expresa la creencia universal y unánime de la Iglesia de Cristo; es una verdad revelada; está solemnemente definida como dogma.

El tercer concilio de Letrán, celebrado bajo el papa San Martín I, en el año 649, definió: “Si alguno no reconoce, siguiendo a los Santos Padres, que la Santa Madre de Dios y siempre virgen e inmaculada María, en la plenitud del tiempo y sin cooperación viril, concibió del Espíritu Santo al Verbo de Dios, que antes de todos los tiempos fue engendrado por Dios Padre, y que, sin pérdida de su integridad, le dio a luz, conservando indisoluble su virginidad después del parto, sea anatema”.

El testimonio de esta verdad lo encontramos en la misma Escritura.

Concretamente en el testimonio de San Mateo y San Lucas.

1) San Mateo (1,18-25): La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo… El Angel del Señor se apareció [a José] en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.» Despertado José del sueño, hizo como el Angel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

San Mateo se presenta: 1) como testigo de la virginidad de María antes del nacimiento de Cristo; 2) su cita de Is 7,14, implica, por lo menos, el parto virginal; 3) si bien no dice nada sobre la virginidad de María posterior al parto, tampoco dice nada que lo niegue o lo ponga en duda.

2) San Lucas (1,26-38): Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

San Lucas es testigo de:

–la virginidad de María antes de la anunciación (a una virgen…);

–la concepción virginal (la virtud del Altísimo te cubrirá);

–la intención de virginidad futura de María: pues no conozco varón… La expresión no se refiere al pasado, pues hubiera usado el aoristo (no he conocido varón); usa el presente absoluto (no conozco; en el sentido de no tengo intención de conocer varón). Es una referencia implícita al voto de virginidad.

Escribió Lebretón: “En este versículo la tradición católica ha reconocido el propósito firme de María de permanecer virgen, y esta interpretación es necesaria, porque, si hubiera tenido intención de consumar su matrimonio con José, no hubiera nunca hecho esta pregunta”.

Dice también Lagrange: “María quiso decir que, siendo virgen, como el ángel ya sabía, deseaba ella permanecer siéndolo, o, como traducen los teólogos su pregunta, que ella había hecho un voto de virginidad y pensaba guardarlo”.

San Ireneo defiende, por eso, el valor profético de Is 7,14 referido a la virginidad de María. Su argumento es el siguiente: Isaías señala claramente que ocurrirá “algo inesperado” con respecto a la generación de Cristo; está aludiendo claramente a una señal. Pero “¿dónde está lo inesperado o qué señal se os daría en el hecho de que una mujer joven concibiera un hijo por obra de un varón? Esto es lo que ocurre normalmente a todas las madres. Lo cierto es que, con el poder de Dios, se iba a empezar una salvación excepcional para los hombres y, por tanto, se consumó también de una manera excepcional un nacimiento de una virgen. La señal fue dada por Dios; el efecto no fue humano”.

La creencia firme de Occidente en la virginidad corporal de María se resume en la expresión “Virgen María” y se recoge en esta forma ya en el siglo II, en la forma romana del credo, como vemos, por ejemplo, en Hipólito: “Creo en Dios Padre todopoderoso y en Jesucristo, Hijo de Dios, que nació de María virgen por obra del Espíritu Santo”.

Ireneo tiene una frase hermosa para referirse al parto virginal: Purus pure puram aperiens vulvam: el Puro [Verbo Puro] con pureza abrió el seno puro [de su madre].

Y él mismo compara el nacimiento de Cristo de María con la formación de Adán del suelo virgen y sin surcos.

San León dice que es la limpieza de Cristo la que mantuvo intacta la integridad de María.

Y San Zeón lo proclama: “¡Oh misterio maravilloso! María concibió siendo una virgen incorrupta; después de la concepción dio a luz como virgen, y así permaneció siempre después del parto”.

San Jerónimo resume la fe de la Iglesia escribiendo contra Joviniano: “Cristo es virgen, y la madre del virgen es virgen también para siempre; es virgen y madre. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró en el interior; en el sepulcro que fue María, nuevo, tallado en la más dura roca, donde no se había depositado a nadie ni antes ni después… Ella es la puerta oriental de la que habla Ezequiel, siempre cerrada y llena de luz, que, cerrada, hace salir de sí al Santo de los santos; por la cual el Sol de justicia entra y sale. Que ellos me digan cómo entró Jesús (en el cenáculo) estando las puertas cerradas… y yo les diré cómo María es, al mismo tiempo, virgen y madre: virgen después del parto y madre antes del matrimonio”.

Bajo su protección amorosa y eficaz pongamos, pues, nuestra castidad.

Consideración final.

Para un hombre o una mujer creyente, no es cosa excepcional renunciar definitivamente al sexo, es decir, a tener relaciones sexuales.

Hay un sinnúmero de ejemplos de jóvenes que, desde muy temprano, han intuido que este camino evangélico es un camino más directo para acercarse mejor a Jesús: Sor Teresa de Los Andes, el Padre Hurtado y tantos otros.

¿Acaso María era menos inteligente que ellos o menos capaz de percibir las cosas de Dios? ¿No podía ella captar por sí misma lo que dirá Jesús respecto a la virginidad elegida por amor al Reino? (Mt. 19,12) Y después de ser visitada en forma única por el Espíritu Santo, que es el soplo del amor de Dios, ¿necesitaría María todavía las caricias amorosas de José?

Si la historia de la Iglesia nos proporciona tantos ejemplos del amor celoso de Dios para quienes fueron sus amigos y sus santos… ¿Cómo iba a ser menos para aquella mujer, María, que fue «llena de gracia»?

¡Qué torpeza inconsciente son las sinrazones de aquellos que se olvidan de la Tradición de los Apóstoles, la cual proclama que María fue y permaneció siempre virgen!

Rechazar la virginidad de María… ¡qué manera de rebajar las maravillas de Dios!

María deseaba ser totalmente de Dios y con el «sí» de la Anunciación ella se consagró total y exclusivamente al plan de Dios: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí conforme a tu palabra.» (Lc. 1, 38)

Realmente es incomprensible la fobia de algunos de nuestros hermanos evangélicos que tratan de denigrar y rebajar la dignidad de María. Nunca predican sobre ella, y en repetidos casos han destruido sus imágenes.

Nosotros debemos tener bien fundamentado nuestro culto y veneración por María y tenemos que seguir proclamando sus alabanzas, tal como ella ya lo anticipó en el canto del Magnificat.

Por otra parte, María aparece unida a Jesús en la encarnación, en el nacimiento, vida, pasión y muerte de su Hijo Jesús y también en la primitiva Iglesia. Ahora bien, el mismo Jesús dice: «Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre.»

Honremos pues a María y redoblemos nuestros esfuerzos por quererla, por nosotros y por quienes la desconocen.

Décima del Canto a lo Divino:

Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa
Virgen sagrada María
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón,
mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.

María: un misterio. Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, por San Luis María Grignion de Montfort. (1o. Parte)

María: un misterio.

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, por San Luis María Grignion de Montfort.

María en el designio de Dios.

1. Por medio de la Santísima Virgen vino Jesucristo al mundo y por medio de Ella debe también reinar en el mundo.

MARIA ES UN MISTERIO:

a. A causa de su humildad.

2. La vida de María fue oculta. Por ello, el Espíritu Santo y la Iglesia la llaman alma mater. Madre oculta y escondida. Su humildad fue tan grande que no hubo para Ella anhelo más firme y constante que el de ocultarse a sí misma y a todas las creaturas, para ser conocida solamente de Dios.

3. Ella pidió pobreza y humildad. Y Dios, escuchándola, tuvo a bien ocultarla en su concepción, nacimiento, vida, misterios, resurrección y asunción, a casi todos los hombres. Sus propios padres no la conocían. Y los ángeles se preguntaban con frecuencia uno a otros ¿Quién es ésta?. Porque el Altísimo se la ocultaba. O, si algo les manifestaba de Ella, era infinitamente más lo que les encubría.

b. Por disposición divina.

4. Dios Padre a pesar de haberle comunicado su poder, consintió en que no hiciera ningún milagro al menos portentoso durante su vida.

Dios Hijo a pesar de haberle comunicado su sabiduría consintió en que Ella casi no hablara.

Dios Espíritu Santo a pesar de ser Ella su fiel Esposa consintió en que los Apóstoles y Evangelistas hablaran de Ella muy poco y sólo cuanto era necesario para dar a conocer a Jesucristo.

c. Por su grandeza excepcional.

5. María es la excelente obra maestra del Altísimo.

Quien se ha reservado a sí mismo el conocimiento y posesión de Ella.

María es la Madre admirable del Hijo. Quien tuvo a bien humillarla y ocultarla durante su vida, para fomentar su humildad, llamándola mujer, como si se tratara de una extraña, aunque en su corazón la apreciaba y amaba más que a todos los ángeles y hombres.

María es la fuente sellada, en la que sólo puede entrar el Espíritu Santo, cuya Esposa fiel es Ella.

María es el santuario y tabernáculo de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más magnífica y maravillosamente que en ningún otro lugar del universo sin exceptuar los querubines y serafines: a ninguna creatura, por pura que sea, se le permite entrar allí sin privilegio especial.

6. Digo con los santos, que la excelsa María es el paraíso terrestre del nuevo Adán, quien se encarnó en él por obra del Espíritu Santo para realizar allí maravillas incomprensibles. Ella es el sublime y divino mundo de Dios, lleno de bellezas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, quien ocultó allí, como en su seno, a su Unigénito y con El todo lo más excelente y precioso.

¡Oh qué portentos y misterios ha ocultado Dios en esta admirable creatura, como Ella misma se ve obligada a confesarlo no obstante su profunda humildad ¡El Poderoso ha hecho obras grandes por mí! El mundo los desconoce porque es incapaz e indigno de conocerlo.

7. Los santos han dicho cosas admirables de esta ciudad Santa de Dios. Y, según ellos mismo testifican, nunca han estado tan elocuentes ni se han sentido tan felices como al hablar de Ella. Todos a una proclaman que:

  La altura de sus méritos, elevados por Ella hasta el trono de la Divinidad, es inaccesible;

  La grandeza de su poder, que se extiende hasta sobre el mismo dios, es incomprensible.

  Y, en fin, la profundidad de su humildad y de todas sus virtudes y gracias es un abismo insondable.

  ¡Oh altura incomprensible! ¡Oh anchura inefable! ¡Oh grandeza sin medida! ¡Oh abismo impenetrable!

8. Todos los días, del uno al otro confín de la tierra, en lo más alto del cielo y en lo más profundo de los abismos, todo pregona y exalta a la admirable María. Los nueve coros angélicos, los hombres de todo sexo, edad y condición, religión, buenos y malos, y hasta los mismo demonios, de grado o por fuerza, se ven obligados por la evidencia de la verdad a proclamarla bienaventurada.

Todos los ángeles en el cielo dice San Buenaventura le repiten continuamente: “¡Santa, santa, santa María! ¡Virgen y Madre de Dios!” y le ofrecen todos los días millones y millones de veces la salutación angélica: “Dios te salve, María…”, prosternándose ante Ella y suplicándole que, por favor, los honre con alguno de sus mandatos. “San Miguel llega a decir San Agustín aún siendo el príncipe de toda la milicia celestial, es el más celoso en rendirle y hacer que otros le rindan toda clase de honores, esperando siempre sus órdenes para volar en socorro de alguno de sus servidores”.

9. Toda la tierra está llena de su gloria, particularmente entre los cristianos que la han escogido por tutela y patrona de varias naciones, provincias, diócesis y ciudades. ¡Cuántas catedrales no se hallan consagradas a Dios bajo su advocación! ¡No hay iglesia sin un altar en su honor, ni comarca ni religión donde no se dé culto a alguna de sus imágenes milagrosas, donde se cura toda suerte de enfermedades y se obtiene toda clase de bienes! ¡Cuántas cofradías y congregaciones en su honor! ¡Cuántos institutos religiosos colocados bajo su nombre y protección! ¡Cuántos congregantes en las asociaciones piadosas, cuántos religiosos en todas las Ordenes! ¡Todos publican sus alabanzas y proclaman sus misericordias!

No hay siquiera un pequeñuelo que, al balbucir el Avemaría, no la alabe. Ni apenas un pecador que, aunque obstinado, no conserve alguna chispa de confianza en Ella. Ni siquiera un solo demonio en el infierno que, temiéndola, no la respete.

Akita, Nuestra Señora de El 22 de abril de 1984, después de ocho años y consultado con la Santa Sede, los mensajes de Nuestra Señora de Akita fueron aprobados por el obispo de la diócesis de Niigata, Japón.

Akita, Nuestra Señora de

Nuestra Señora de Akita.
Japón. “Fátima de Oriente” (1973-1975)

La Virgen nos da urgentes mensajes
Aprobación del obispo para veneración: 1988

La Virgen nos implora con urgencia que retornemos a Su Hijo. Si no hay conversión el pecado conducirá al gran castigo.

Historia de Akita y aprobación eclesiástica.

El 12 de Junio de 1973 la hermana Agnes Sasagawa oraba en su convento en Akita, Japón cuando observó rayos brillantes que emanaban del tabernáculo. El mismo milagro se repitió los próximos dos días.

El 28 de Junio, una llaga en forma de cruz apareció en la palma de la mano izquierda de Sor Agnes. Sangraba profusamente y le causaba gran dolor.

El 6 de julio, mientras rezaba, Sor Agnes escuchó una voz procedente de la estatua de la Virgen María que está en la capilla. Era el primer mensaje.

El mismo día, algunas hermanas descubrieron gotas de sangre que fluían de la mano derecha de la estatua. Este flujo de sangre se repitió cuatro veces. La llaga en la mano de la estatua permaneció hasta el 29 de septiembre. Pero ese mismo día, la estatua comenzó a “sudar”, especialmente por la frente y el cuello.

El 3 de agosto de 1973, Sor Agnes recibió un segundo mensaje y el 13 de octubre del mismo año, el tercero y último.

El 4 de enero de 1975, la estatua de la Virgen comenzó a llorar y continuó llorando en diferentes ocasiones por 6 años y 8 meses. La última vez fue el 15 de septiembre de 1981, fiesta de Nuestra Señora Dolorosa. Fueron un total de 101 lacrimaciones.

La hermana vidente se llama “Agnes” que significa cordero. Fue sanada de sordera, lo cual se verificó no tener explicación médica. Este milagro fue una señal de la autenticidad de las visitas de la Virgen

Aprobación eclesiástica de las lágrimas de la estatua y los mensajes.

El 22 de abril de 1984, después de ocho años de investigación y habiendo consultado con la Santa Sede, los mensajes de Nuestra Señora de Akita fueron aprobados por el obispo de la diócesis de Niigata, Japón, Monseñor John Shojiro Ito. El declaró que los eventos de Akita son de origen sobrenatural y autorizó en toda la diócesis la veneración de la Santa Madre de Akita. En la villa japonesa de Akita, una estatua de la Madonna ha derramado sangre, sudor y lágrimas, según el testimonio de mas de 500 Cristianos y no cristianos, incluyendo el alcalde budista del pueblo. Una monja, Agnes Katsuko Sasagawa ha recibido las estigmas y mensajes de Nuestra Señora.

En junio de 1988, Joseph Cardinal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, impartió el juicio definitivo sobre los eventos y mensajes de Akita, juzgándolos confiables y dignos de fe. El cardenal observó que Akita es una continuación de los mensajes de Fátima.

MENSAJES DE NUESTRA SEÑORA DE AKITA:
Recibidos por la hermana Agnes, 3 en total.
Traducción del inglés, Padre Jordi Rivero.

6 de julio de 1973

“Mi hija, mi novicia, me has obedecido bien abandonándolo todo para seguirme. ¿Es dolorosa la enfermedad de tus oídos? Tu sordera será sanada, estate segura. ¿Te causa sufrimiento la herida de tu mano? Reza en reparación por los pecados de los hombres. Cada persona en esta comunidad es mi hija irremplazable. ¿Haces bien la oración de las Siervas de la Eucaristía? Entonces, oremos juntas.

Sacratísimo Corazón de Jesús, verdaderamente presente en la Santa Eucaristía, te consagro mi cuerpo y alma para ser enteramente una con Tu Corazón, sacrificado cada instante en todos los altares del mundo y dando alabanza al Padre, implorando por la venida de Su Reino.

Ruego que recibas esta humilde ofrenda de mi ser. Utilízame como quieras para la gloria del Padre y la salvación de las almas

Santísima Madre de Dios, no permitas que jamás me separe de tu Divino Hijo. Te ruego me defiendas y protejas como tu hijo especial. Amén.

Cuando la oración había terminado, la voz celestial dijo: “Reza mucho por el Papa, los obispos y los sacerdotes. Desde tu bautismo siempre has orado fielmente por ellos. Continúa orando mucho… mucho. Dile a tu superior todo lo ocurrido hoy y obedécele en todo lo que te diga. El ha pedido que ores con fervor”.

3 de agosto de 1973

“Mi hija, mi novicia, ¿amas al Señor? Si amas al Señor, escucha lo que tengo que decirte”.

“Es muy importante… se lo comunicarás a tu superior”

“Muchos hombres en este mundo afligen al Señor. Yo deseo almas que lo consuelen para suavizar la ira del Padre Celestial. Yo deseo, con mi hijo, almas que repararán con sus sufrimientos y pobreza por los pecadores e ingratos”.

“Para que el mundo conozca su ira, el Padre Celestial está preparando para infligir un gran castigo sobre toda la humanidad. Con mi Hijo yo he intervenido tantas veces para apaciguar la cólera del Padre. Yo he prevenido la venida de calamidades ofreciéndole los sufrimientos del Hijo en la Cruz, Su Preciosa Sangre, y amadas almas que Le consuelan formando una corte de almas víctimas. Oración, penitencia y sacrificios valientes pueden suavizar la cólera del Padre. Yo deseo esto también de tu comunidad… que ame la pobreza, que se santifique y rece en reparación por la ingratitud y el ultraje de tantos hombres.

“Recita la oración de las Siervas de la Eucaristía con conciencia de su significado; ponla en práctica; ofrece en reparación (cualquier cosa que Dios envíe) por los pecados. Que cada uno se esfuerce, según su capacidad y posición, en ofrecerse enteramente al Señor”.

“Aun en un instituto secular la oración es necesaria. Ya las almas que desean rezar están en camino de ser reunidas. Sin poner demasiada atención a la forma, se fiel y ferviente en la oración para consolar al Maestro.”

Después de un silencio:

“¿Es verdad lo que piensas en tu corazón?, ¿Estás verdaderamente decidida a convertirte en piedra rechazada?. Mi novicia, deseas pertenecer sin reservas al Señor, ser la esposa digna del Esposo, hacer tus votos sabiendo que debes ser adherida a la Cruz con tres clavos. Estos clavos son: pobreza, castidad y obediencia. De los tres, la obediencia es el fundamento. En total abandono, déjate guiar por tu superior. El sabrá como entenderte y dirigirte.”

13 de octubre de 1973

“Mi querida hija, escucha bien lo que tengo que decirte. Tu informarás a tu superior.”

Después de un corto silencio:

“Como te dije, si los hombres no se arrepienten y se mejoran, el Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo mayor que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes. Fuego caerá del cielo y eliminará a gran parte de la humanidad, tanto a los buenos como a los malos, sin hacer excepción de sacerdotes ni fieles. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que les quedarán serán el rosario y la señal dejada por mi Hijo. Cada día recita las oraciones del rosario. Con el rosario, reza por el Papa, los obispos y los sacerdotes.”

“La obra del demonio infiltrará hasta dentro de la Iglesia de tal manera que se verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneran serán despreciados y encontrarán oposición de sus compañeros… iglesias y altares saqueados; la Iglesia estará llena de aquellos que aceptan componendas y el demonio presionará a muchos sacerdotes y almas consagradas a dejar el servicio del Señor.

“El demonio será especialmente implacable contra las almas consagradas a Dios. Pensar en la pérdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y gravedad, no habrá ya perdón para ellos.

“Con valentía, habla con tu superior. El sabrá como dar a cada uno valor para rezar y lograr obras de reparación”

“Es el obispo Ito quien dirige vuestra comunidad.”

Y Ella ser rió y entonces dijo:

“¿Todavía tienes algo que preguntar? Hoy es la última vez que yo te hablaré con voz viva. Desde ahora en adelante obedecerás al que que se te envía y a tu superior.

“Reza mucho las oraciones del Rosario. Solo yo puedo todavía salvarles de las calamidades que se acercan. Aquellos que ponen su confianza en mi se salvarán.”

La estatua milagrosa fue tallada por Saburo Wakasa,budista japonés, inspirándose en una imagen de Nuestra Nuestra Señora de Todos los Pueblos y agregando rasgos japoneses al rostro. Tiene 3 pies de altura y fue esculpida de una sola pieza de madera de un árbol de Katsura.

rincipios fundamentales de la teología mariana La Mariología, fuente de unidad de todas las verdades de la Madre de Dios. Tomado de la catequesis del Santo Padre Juan Pablo II.

Principios fundamentales de la teología mariana

Introducción

Comenzar un pequeño curso de Mariología que esté al alcance de todos, que sea ameno, y que combine una correcta doctrina con el ejercicio personal, para que pueda ser usado por grupos, acrecentando el conocimiento y el amor a la Santísima Virgen es una meta tal vez un poco alta, pero con la ayuda de la gracia lo emprendemos.

Tomado de la catequesis de los miércoles del Santo Padre Juan Pablo II del 3/I/96

El Santo Padre, en esta catequesis, es quien sugiere por donde debemos dirigir nuestro estudio.

Dado que el papel de María en la historia de la Salvación está estrechamente unido al misterio de Cristo y de la Iglesia, no hay que perder estas referencias esenciales que dan a la doctrina mariana su justo lugar, descubriendo su vasta e inagotable riqueza.

Algunas personas queriendo poner de relieve los aspectos centrales de la Mariología la han tratado junto con la Cristología o la Eclesiología. Pero, aun teniendo en cuenta su relación con todos los misterios de la fe, María merece un tratado específico que destaque su persona y su misión en la Historia de la Salvación, a la luz de la Biblia y de la tradición eclesial.

Además, siguiendo las indicaciones del Concilio Vaticano II, parece útil exponer cuidadosamente los deberes de los redimidos para con la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres.

En efecto, el papel que Dios le asigna en la salvación a María requiere de los cristianos no solo acogida y atención, sino también opciones concretas que traduzcan en vida, las actitudes evangélicas de Aquella que precede a la Iglesia en la fe y en la santidad.

Así la Madre del Señor ejerce una influencia especial en el modo de orar de los fieles. La doctrina y el culto mariano no son fruto del sentimentalismo, el misterio de María es una verdad revelada que se impone a la inteligencia de los creyentes, y que a los que en la Iglesia tienen la misión de estudiar y enseñar, les exige un método de reflexión doctrinal no menos riguroso que el que se usa en toda la teología.

Jesús mismo invita a sus contemporáneos a no dejarse guiar por el entusiasmo al considerar a su Madre, sino a reconocer sobre todo, que es bienaventurada porque oye la Palabra de Dios y la cumple. ( Lc 11,28)

El Concilio pide que se evite la falsa exageración (LG 67), la actitud maximalista, que pretende extender a María las prerrogativas de Cristo y todos los carismas de la Iglesia. Siempre es necesario mantener la infinita diferencia que existe entre la persona humana de María y la persona divina de Jesús.

También exhorta el Concilio a evitar la excesiva estrechez de espíritu ( minimalismo) que en interpretaciones exegéticas y en actos de culto, pretenden reducir y hasta quitar importancia a María en la Historia de la Salvación, así como, a su virginidad perpetua y a su santidad.

El Concilio nos brinda un criterio que permite discernir la auténtica doctrina mariana: “En la santa Iglesia ( María) ocupa el lugar más alto después de Cristo y el más cercano a nosotros” ( LG 54)

1. Principios fundamentales de la teología mariana

En base a lo anterior, nos adentramos en el conocimientos de los principios que fundamentan una teología mariana y nos orientan en el verdadero lugar que la Virgen debe tener en nuestra vida y devoción.

Principio primario o fundamental:

Generalidades

“Si la Mariología es una ciencia y no un apéndice de la Teología, (Vollert sj en Mariología de Carol Bac 1964) debe tener un propio principio fundamental” que la distinga formalmente de otras partes de la Teología; y que sea fuente de unidad de todas las verdades cognoscibles de la Madre de Dios.

Esto no es tan fácil y los teólogos se dividen, como veremos más adelante.

El principio primario, si logramos distinguirlo debe tener tres condiciones:

  Que sea una verdad de fe o una expresa revelación de Dios. No cualquier principio. Los principios de la teología son los artículos de la fe, por eso no basta con elegir una verdad cualquiera, no es lo mismo un principio que una conclusión.

  Que sea uno solo, esto es, que exprese una sola verdad absoluta, no dos o más (si expresara más verdades serían conclusiones unas de otra y no un principio).

  Que sea el último fundamento y la base objetiva de todas las demás verdades mariológicas.

Esta condición no se suple con nada. Es la base objetiva para que sea ciencia.

En la elección del principio primario hay tres corrientes en los teólogos:

Los que dicen que hay:

  Un único principio simple que es: La maternidad divina: un gran número de mariólogos defienden este principio.
Otros mariológos de renombre se inclinan por otros principios, algunos compuestos como:
María, nueva Eva, o tal vez María, madre universal.

  Un único principio compuesto que es: María, madre corredentora, María, madre, esposa, María, madre de Dios concreta e históricamente, María, madre del Cristo total, María, prototipo de la Iglesia, María, perfectamente redimida, María, llena de gracia, María, nuevo paraíso.

Dos principios superpuestos que son:

  María, madre de Dios y socia del Mediador.

  María madre de Dios y de los hombres.

Conclusión

La maternidad divina de María, puede ser considerada y aceptada en sí misma, como el primer principio básico y fundamental de toda la Mariología.
Cumple perfectamente las tres condiciones:

I -Es una verdad revelada por Dios en las Escrituras y definidas por la Iglesia como dogma de fe.
-Jesús nació de María.(Mt 1,16 Lc 2,6-7, Mc 3,31, Jn 2,1-2,n Lc 1,43.)
-Junto a la cruz de Jesús, su Madre (Jn 19,25)
-Con María, la Madre de Jesús (Hch. 1,14)
-Jesús es Dios Jn 1,14 (Gal 4,4.)
Encontramos en la Sagrada Escritura que María es Madre de Dios, pues Jesús, su Hijo, es Dios.

Definida por el Concilio de Éfeso como verdad de fe: D.113, 214, 218.
Encontramos la letra D acompañada de un número, esto significa que se debe buscar en el libro del Magisterio de la Iglesia, de Enrique Denzinger (de ahí se saca la letra D) o en la versión actual Denzinger- Hunermann. Es un instrumento de consulta y estudio que no se debe desconocer al menos en su uso más general.

D111 … Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen y luego descendió sobre El, el Verbo, sino que unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne. De esta manera los Santos Padres no tuvieron inconveniente en llamar Madre de Dios a la Santa Virgen.

D113 (contra Nestorio)… Si alguno no confiesa que Dios es según verdad el Emmanuel y que por eso la Santa Virgen es Madre de Dios (pues dio a luz carnalmente al Verbo de Dios hecho carne), sea anatema.

D214 Can2… Si alguno no confiesa que hay dos nacimientos de Dios Verbo, uno del Padre, antes de los siglos, sin tiempo e incorporalmente, otro en los últimos días, cuando Él mismo bajó de los cielos y se encarnó de la santa gloriosa Madre de Dios y siempre Virgen María y nació de Ella, ese tal sea anatema.

D218 Can6… Si alguno llama a la santa gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, en sentido figurado y no en sentido propio o por relación, como si hubiera nacido un puro hombre y no se hubiera encarnado de ella el Dios Verbo…

II – Expresa una sola verdad.

III – Es el último fundamento y la base objetiva de todas las demás verdades

La divina maternidad es fundamento de toda la Mariología, porque todos los atributos le fueron concedidos a María preparándola para ser madre (Inmaculada Concepción, virginidad, plenitud de gracia) o porque después de serlo, estaba asociada a la obra de su Hijo ( asunción a los cielos, medianera, corredentora etc.).

Principios mariológicos secundarios:

Estos principios nos permiten profundizar aún más en la figura de María y nos preparan a una reflexión sobre nuestra dignidad de cristianos.
Son seis:

De singularidad o trascendencia:

Como la Virgen María fue una persona enteramente singular, trascendente a todas las demás y es Ella sola un orden aparte, le corresponden privilegios singularísimos que a ninguna otra persona humana o angélica le fueron necesarios.

La singularidad de María, deriva como fuente primaria de la misión que ha recibido de Dios: ser Madre del Creador y de las creaturas.

La Iglesia ensalza a María como Virgen singular ( Himno Ave Maria Stella).
Dice Roschini (Mariología de Carol Vol 1 p 141), “Esta singularidad de María deriva como fuente primaria de la singularísima misión que ha recibido de Dios, esto es la misión de Madre del Creador y de las creaturas. La singularidad de misión exigía singularidad de privilegios”.

De conveniencia:

Dios concedió a María, de hecho, todas aquellas gracias, dones y privilegios que realmente convenían a su excelsa dignidad de Madre del Verbo Encarnado (La Virgen María de Royo Marín p 47).

Es muy importante que no le atribuyamos a María dones que no tuvo o que no convenían a su misión. Esto dificulta numerosas veces el diálogo con las otras confesiones.

De eminencia:

Cualquier gracia o don sobrenatural que Dios ha concedido a algún santo o creatura humana, se lo ha concedido también a la Virgen María en la misma forma, o en grado más eminente o en modo equivalente.

De igual forma: todos los dones que son compatibles con su sexo y con su condición.

De modo eminente: los que eran incompatibles con su sexo o condición, ej.: el sacerdocio, no le fue concedido por ser mujer, pero tuvo poder sobre el cuerpo de Cristo.

De modo equivalente: cuando nació no hubo señales como en el nacimiento de Sto. Domingo, cuya madre vio una estrella y una perra, señal de su misión (Domine – cane), o en el caso de Sta. Rosa de Lima, en cuya cara se veía una rosa. Pero, hubo signos equivalentes en el anuncio de Dios en el paraíso, Gn 3,15. ( O.c. p 48)

De analogía o semejanza de Cristo:

Existe una verdadera analogía entre los privilegios de la humanidad de Cristo y los de María, lo cual quiere decir que los privilegios que recibió de Dios, la humanidad adorable de Cristo, los recibió también la Virgen María, aunque analógicamente, o sea en grado distinto y proporcional conforme a la condición de cada uno.

Este principio se basa también en la dignidad de la Madre de Dios, lo que la eleva al orden hipostático relativo.

De esta semejanza y dignidad es que se deriva el tipo de culto que debemos brindarle
– culto de latría debido a Jesús por ser Dios (es de adoración)

– culto de hiperdulía debido a María (es la mayor veneración, respeto e imitación de sus virtudes

A San José se le debe el culto de protodulía, (que es la primera devoción y veneración entre los santos)

Entre los privilegios de Cristo que se derivan directamente de la unión hipostática y los de María, hay un abismo inmenso – pues a Ella le correspondían por ser Madre de Dios y a Él por ser Dios mismo. Por eso a Él le corresponde el culto de latría o de adoración y a Ella le corresponde el culto de hiperdulía, que es la mayor veneración que se debe a un santo.

No se trata de hacer de María un duplicado de Cristo en cuanto al culto que le brindamos, pero no debemos desconocer que la verdadera devoción implica generosa imitación de sus virtudes..

De asociación a Cristo:

María fue asociada a su Hijo Redentor en la magna obra de la salvación del género humano. Esto será ampliamente explicado por San Pablo.

De antítesis de Eva:

María es la antítesis de Eva. Lo que hizo Eva, asociada a Adán, para ruina del género humano, fue reparado por María, nueva Eva, asociada a Cristo nuevo Adán.

Tema muy usado por la tradición cristiana, basada en la enseñanza de los Santos Padres, en especial San Ireneo y San Cirilo.

Explicación Paulina de los Principios

Generalidades

Vamos a ver cómo estos seis principios se completan y asocian en la prédica del Apóstol San Pablo.

San Pablo no pronuncia el nombre de María. La razón es porque él anuncia el reinado de Cristo con toda su fuerza jerárquica, ministerial, oficial.

El lugar de María, es el que le corresponde a la reina Madre, con su dignidad y majestad, con su influjo en el corazón del Rey y todo el cariño de sus vasallos, pero no tiene parte oficial en el gobierno, no reparte cargos, ni da leyes, hasta que el Rey tome posesión de su trono.

Para entenderlo mejor compararemos dos textos I Re 1, 15ss y I Re 2, 19-20, también Cant 3,11. “Salid a contemplar hijas de Sión, a Salomón el rey con la diadema con que lo coronó su madre el día de sus bodas el día del gozo de su corazón”. Esta diadema que le dio María es la humanidad que le fue entregada el día de las bodas de la divinidad con la humanidad, esto es el día de la Encarnación.

Encontramos en la Salve juntos los títulos de reina y madre de misericordia, pero en María son una realidad, encontramos entre las instituciones del AT el cargo oficial de reina madre (la gebirá), Betsabé es la primera reina esposa que pasa a ser reina madre:

Compararemos los textos:

Entró pues Betsabé donde el rey, en su cámara… se arrodilló, y se postró ante el el el rey. Rey. El rey dijo: ¿Qué te pasa? (1Re 1,15)

Entró Betsabe donde el rey Salomón… Se levantó el rey a su encuentro, se postró ante ella y sentóse en el solio, haciendo poner un trono para la madre del rey que se sentó a su diestra. ( 1Re 2,19)

Vemos que es muy diferente el comportamiento de la reina y el del rey en los dos textos. En el primero es la reina esposa que se postra ante el rey y en el segundo es la Gebirá que goza del afecto y sumisión de su hijo por eso es él que se postra y la sienta a su lado.

Algo semejante ocurre con María, Ella no gobierna, pero puede pedir al rey se ser escuchada.

Pablo es el heraldo del Rey, de su Prédica. Se cree que no sacó San Lucas, pocos detalles del Evangelio de María o de la Infancia, que no predicara con anterioridad San Pablo.

La concepción paulina del segundo Adán, aplicada al Protoevangelio, lo fecunda y le da nueva energía.

En el Protoevangelio la raíz de todas las prerrogativas de la Mujer, está en su estrecha relación (asociación) a la descendencia y en su oposición a la serpiente, lo cual le da a la Mujer un lugar eminente y singular.

Adán es tipo (figura) de Cristo, y como la parte de la mujer en el pecado es muy importante, lo es también en la reparación.

En I Co 10, 11: “todo esto les sucedía en figura y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos” luego descubre Pablo haciendo una lectio divina de los textos del AT que las figuras podían servir de ejemplo y que fue escrito como aviso para nosotros que teniendo la plenitud de la revelación hemos llegado al conocimiento del Misterio de su voluntad.

En el cap. 5,12ss de Rm, vemos a Adán y Jesús, y en el 15,20ss de la primera a los Corintios, se muestra este paralelismo.

Adán y Jesucristo
Rom 5,12ss. “Por tanto como por un solo hombre entró el pecado en mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron porque hasta la ley, había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no habiendo ley, con todo reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aún sobre aquellos que no pecaron con una trasgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir.
Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno solo, murieron todos, cuántos más la gracia de un solo hombre Jesucristo, se ha desbordado sobre todos Y no sucede con el don como con las consecuencias del pecado de uno solo, porque la sentencia partiendo de muchos delitos, se resuelve en justificación”.

I Cor 15,20ss. “Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron. Porque habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo, pero cada cual en su rango Cristo como las primicias, luego los de Cristo en su venida”.

Vemos en estos textos una analogía entre el segundo Adán y el primero en la solidaridad con la humanidad entera, pero también un contraste pues son incomparables las ventajas que el segundo hace en el bien al primero por su superioridad.

No existe en el orden moral ninguna unión tan estrecha como la de la humanidad entera con Adán, todos los hombres estaban representados en él, encerrados, contenidos moralmente en él, era como el centro de atracción del mundo humano, la cabeza, por eso a la voluntad de Adán estaban unidas todas las voluntades de toda la humanidad y la justicia o trasgresión de Adán habían de ser justicia o pecado universal de todos los hombres.

Adán es destituido de cabeza de la humanidad por su pecado y su lugar lo ocupó Cristo, la nueva solidaridad es más compacta, más perfecta, y sólida que la primera. Así cuando Cristo moría en la cruz todos moríamos con El y así muerto el hombre viejo, fuimos miembros de Cristo.

Para que esta unión fuera real y actual debíamos ser regenerados en Cristo y ser incorporados en Él por la fe y el bautismo, esa es la expresión “en Cristo”. Al reino del pecado y de la muerte, sucede el reino de la gracia por la justicia para la vida eterna.

San Pablo asocia la mujer al varón: Ni la mujer sin varón, ni el varón sin la mujer I Co 11,11 – 12, la mujer procede del varón. Por lo tanto María queda asociada a la obra Cristo.

Señala el papel de Eva: 2 Co 11,3 la serpiente engaño a Eva. También en I Tim 2,13 – 14 asienta los mismos principios.

Señala la encarnación: Gal 4,4 nacido de mujer, que alude a Gn 3,15.
Este tema lo desarrollaremos en profundidad más adelante.

Proponemos unos ejercicios de captación e internalización de lo leido.

Ejercicios del Tema 1:
1 – Revisa los principios mariológicos secundarios y aplícalos a tu vida, ¿cómo criatura singular conoces tu misión?

2 – Meditando en tus talentos, señala 3. Agradécelos al Señor, por escrito en una carta.

3 – Pide 3 cosas que te cueste adquirir en tu vida espiritual, en la línea del cumplimiento de la misión que tienes en la vida, a la Santísima Virgen y ofrece 3 actos concretos en tu día que te ayuden en esa línea.

4 – Comparación de textos:
Lee despacio, en voz alta, deja que la Palabra penetre tu corazón con la mente despierta, busca lo que se encuentra señalado, ¿qué le dice a tu vida esa palabra viva? Escríbelo.

5 – ¿Cómo hubieras desarrollado el tema, para hacerlo más accesible a niños o jóvenes?

6 – Lee atentamente la doctrina y anota en un cuadro:

Conceptos fundamentales
No entiendo
Nuevo
No estoy de acuerdo
Recuerdos
Sentimientos
En mi vida

Este cuadro tiene el valor de sintetizar los conceptos fundamentales, de completar lo que no entiendes, de aceptar lo nuevo y consultar lo que no estés de acuerdo.

La última parte integra en la memoria y en la afectividad lo tratado, por medio de relaciones con los recuerdos y sentimientos que afloraron durante la lectura.

Así se ayuda a que el conocimiento no sea solamente algo intelectual, llevándolo a ser parte de la propia vida e historia.

Recopilado y Elaborado Por: Ervin Ariel jarquín Urbina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s